LA GUERRA CRISTERA

La Guerra Cristera o la Cristiadacomenzó cuando Plutarco Elías Calles modificó el Código Penal de la Constitución de 1917. Calles instauró lo que conocemos como “Ley Calles” el 21 de junio de 1926. En esta ley se buscaba reducir el número de sacerdotes, restringir la realización del culto religioso y aminorar las libertades de los creyentes. Además, se buscaba prohibir las manifestaciones de fe fuera de los hogares y expropiar las propiedades y bienes de la Iglesia.
Sin embargo, con lo que no contaba el gobierno era con la fe y el valor de todos los católicos, protestantes y hasta no creyentes, que estaban dispuestos a levantarse en armas e incluso perder la vida, todo por conservar la libertad de ser y de creer. 
Fue así como, después de la aprobación de la Ley Calles, los cristeros, con el lema de ¡Viva Cristo Rey!, iniciaron una lucha contra el gobierno. En esta guerra la piedad de ambos bandos resplandecía por su ausencia, pero también sobresalía el valor para seguir luchando.



La Guerra Cristera impactó principalmente los estados de JaliscoGuanajuato San Luis Potosí, Colima, Michoacán y Zacatecas. Por lo tanto, en estos y otros estados afectados hubo una migración importante de personas hacia Estados Unidos y a otros estados de la República. 
Los rebeldes en Jalisco (particularmente en la región al norte de Guadalajara) comenzaron a reunir sus fuerzas. Esta región se ha convertido en el principal foco de la rebelión liderada por René Capistrán Garza, líder de la Asociación Mexicana de la Juventud Católica, que comenzó el 1 de enero de 1927.


La rebelión había comenzado formalmente con la publicación de un manifiesto Garza en el Día de Año Nuevo titulado A la Nación (a la nación). 
En el declaró que la hora de la batalla y la hora de la victoria es de Dios. Los grupos rebeldes se movieron a la región noreste de Guadalajara y comenzaron a ocupar aldeas, a menudo sólo equipadas con viejos fusiles y palos.
El grito de guerra de los cristeros era ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!.
Estos rebeldes, que en su gran mayoría no tenían experiencia militar previa, planeaban bien sus combates. Los líderes rebeldes más exitosos fueron Jesús Degollado (boticario), Victoriano Ramírez (trabajador en un rancho) y dos sacerdotes, Aristeo Pedroza y José Reyes Vega. En total, cinco sacerdotes participaban activamente en la lucha armada.
Para los Cristeros las motivaciones religiosas de la rebelión fueron reforzadas por otras preocupaciones políticas y materiales.


Los participantes de la rebelión provenían frecuentemente de comunidades rurales que habían sido golpeadas por la política de reforma agraria conducida por el gobierno desde 1920, o que se sentían amenazadas por los cambios políticos y económicos recientes. Muchos de los agraristas y otros que estaban en contra del gobierno eran católicos.
En octubre de 1927, el embajador de Estados Unidos en México fue Dwight Whitney Morrow. Él inició una serie de reuniones con Calles. Morrow quería poner fin al conflicto.
El período presidencial de Calles se acercaba al final y el presidente electo Álvaro Obregón debe asumirá el cargo el 1 de diciembre de 1928. Sin embargo, fue asesinado por un católico radical 17 de julio de 1928, un hecho que cuestiona seriamente el proceso de paz, entonces en marcha.
Congreso nombró a Emilio Portes Gil presidente interino en septiembre, marcando nuevas elecciones para noviembre de 1929.


Portes Gil fue más abierto sobre la Iglesia que Calles había sido, lo que permite Morrow y Burke, reinicie su iniciativa de paz.
El 21 de junio de 1929, ya finalizado el mandato de Plutarco Elías Calles, la Iglesia católica y el gobierno interino de Emilio Portes Gil llegaron a acuerdos que finalmente pusieron fin al respaldo armado de la Iglesia a los cristeros.
Los obispos no exigirían la revocación de las leyes, sólo su aplicación de forma menos estricta.
El gobierno, sin modificar ningún párrafo de las leyes que controlaban a la Iglesia, permitió que éstas continuaran su labor espiritual sin tratar de intervenir en la vida política de México. Para el 27 de junio de 1929 los servicios religiosos en las iglesias se reanudaron.




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